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La rinitis alérgica es un trastorno nasal que provoca una inflamación de las capas internas de la nariz, causando: obstrucción nasal, estornudos, goteo nasal, tos, sibilancias, otitis, dolor de cabeza, irritación u hormigueo en alguna parte de la piel y, a veces, conjuntivitis.
El número de casos es mayor entre los adolescentes y los adultos jóvenes, y bastante rara antes de los cinco años de edad. A partir de los treinta y cinco es muy poco frecuente, y pasados los sesenta tienden a mejorar los síntomas de manera espontánea.
La rinitis alérgica puede confundirse con un resfriado porque comparte con él alguno de sus síntomas. Pero, en el caso de la rinitis alérgica, sus síntomas no incluyen fiebre ni malestar general, y se producen en contacto con el alérgeno concreto que nos produce la alergia.
Un catarro, por su parte, conlleva congestión nasal sin picor y la secreción acuosa de los primeros días pasa a ser moco de los tres a diez días posteriores, acompañándose con fiebre, malestar general y dolor de garganta.
La rinitis alérgica y el asma, con frecuencia, se dan a la vez, no estando claro si resultan del mismo proceso alérgico o si el asma desencadena la rinitis.
Es una enfermedad muy común a nivel mundial, que ha experimentado un aumento de casos en los últimos años llegando a ser, hoy día, una de las principales causas de que vayamos al médico.
Su incidencia ya es superior en las ciudades que en el campo, hecho que se relaciona con la contaminación atmosférica y la responsabilidad de la misma en el aumento de la polinosis (enfermedad alérgica), las lesiones inflamatorias de los tejidos que recubren boca, nariz, garganta y tráquea, y el aumento del poder alérgico de algunas plantas.
Nos afecta en nuestras actividades sociales, laborales y escolares, y es causante, muchas veces, del absentismo laboral o escolar, de la disminución de nuestra productividad e incluso del aumento de las alteraciones de nuestros estados de ánimo, astenia o alteraciones en el aprendizaje.
Aunque, si padecemos este tipo de alergia, es difícil prevenir los síntomas de la rinitis alérgica, sí existen estrategias que pueden ayudarnos, evitando o eliminando posibles factores que lo originen.
Una vez que la rinitis alérgica ha empezado a dar síntomas, lo más aconsejable es acudir a nuestro profesional sanitario de confianza para que nos indique el tratamiento a seguir, las dosis adecuadas y la frecuencia recomendada.